top of page
  • Substack
  • IMDb
  • Letterboxd
  • Threads
  • Bluesky
  • Instagram
Buscar

Una noche al año

  • Foto del escritor: Young Critic
    Young Critic
  • hace 1 día
  • 5 min de lectura

Una sola sesión: una comedia romántica tibia con una premisa intrigante

A pesar de que algunas películas se han presentado como las salvadoras de la comedia romántica en salas (piénsese en The Big Sick (2017), Locamente millonarios (2018) o Con todos menos contigo (2023)), el género ha migrado en gran medida al streaming, con A todos los chicos de los que me enamoré (2018), El stand de los besos (2018) y Tall Girl (2019) generando diversas secuelas olvidables. Eso no ha impedido que los estudios sigan intentando colar alguna comedia romántica en los cines de vez en cuando; la última en probar suerte es Una noche al año (2026).


Una noche al año parte de una premisa original que se siente como una lectura satírica de la película de terror La purga (2013). En aquel filme protagonizado por Ethan Hawke, el gobierno aprobaba una ley que legalizaba todos los delitos durante una noche al año. En Una noche al año, todo el sexo prematrimonial queda prohibido en Estados Unidos salvo una noche al año. Seguimos a dos neoyorquinos, el dueño de una pizzería, Owen (Callum Turner), y la cantante de jingles publicitarios Allie (Monica Barbaro), dos desconocidos románticos en una noche de deseo. Sin embargo, cuando la amiga de Allie, Jacinta (King Princess), la deja tirada al principio de la noche y la novia de Owen, Malika (Maya Hawke, curiosamente otra Hawke en un mundo tipo La purga), decide que quiere acostarse con un vecino, Owen y Allie se quedan a la deriva en la noche neoyorquina. Sus historias se entrelazan y se separan, empezando por caerse mal, aunque inevitablemente son incapaces de negar su atracción.


Una noche al año está dirigida por Will Gluck (Rumores y mentiras (2010), Con todos menos contigo), que parte de un guion de Travis Braun incluido en la Blacklist de guiones no producidos más valorados. Sin embargo, según se ha informado, el guion original sufrió importantes reescrituras a manos de Gluck. El resultado es una premisa interesante embutida a la fuerza en una comedia romántica bastante tibia y previsible. La ambientación y la limitación temporal hacen mucho por romper el molde romántico en el que Gluck parece muy empeñado en encajar la película, y Braun parece haberse inspirado abundantemente en ¡Jo, qué noche! (1985) de Martin Scorsese, aunque sin el mismo atrevimiento ni la misma admiración por la belleza mugrienta de la Gran Manzana.


Para que una comedia romántica funcione tienen que encajar varios factores: uno es el casting de los protagonistas y su química; otro es el diálogo y el intercambio de réplicas; y por último, lo que hay en juego en el «¿se liarán o no?»: uno tiene que ser incapaz de imaginar a esas personas con nadie más.


El casting de Una noche al año es estupendo sobre el papel: dos estrellas emergentes de Hollywood extremadamente atractivas. Sin embargo, pese a su encanto, nunca llegan a desprender ese aura irresistible. Barbaro ha demostrado ser una actriz enormemente talentosa tras su interpretación de Joan Baez, nominada al Óscar, en Un completo desconocido (2024), y aquí sostiene igualmente buena parte de la película con el encanto y el carisma de las mejores protagonistas románticas. Turner cumple en su papel, pero es el tipo de estrella que Hollywood lleva tiempo intentando colocarle al público de forma artificial (¿alguien se acuerda de Jai Courtney?), y no ha demostrado tener demasiado registro, o quizá ha quedado encasillado en sus papeles. Apareció por primera vez en el radar del público como personaje secundario en la precuela de Harry Potter Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (2018); cuando aquella saga se desinfló, lo colocaron en cine de aspiraciones al Óscar como The Boys in the Boat (2023), que pasó igualmente desapercibida, y después como protagonista de la serie de Apple TV con vocación de Emmy Amos del aire (2024), que apenas tuvo audiencia. En todos sus papeles ha interpretado la misma variante del macho arrogante y prepotente. Una noche al año le exige algo más de registro, interpretando a un romántico cuadriculado y reprimido, pero nunca me creí a su personaje. Estuve todo el rato esperando que soltara alguna réplica ingeniosa o una sonrisita que revelara una naturaleza más seductora. No es de extrañar que se le esté considerando para ser el próximo James Bond, pero emparejado con las capacidades mucho más variadas de Barbaro, palidece en comparación.


Ahora bien, cualquier comedia romántica con unos protagonistas mal ensamblados puede salvarse en parte con buenos diálogos. Lamentablemente, Una noche al año tampoco cuenta con esa ventaja: cae en un terreno genérico y burdamente expositivo, sobre todo en el primer acto, donde se nos recitan de forma nada orgánica las biografías de los personajes como si estuviéramos en el selector de personajes de un videojuego. Braun y Gluck nunca trascienden los tópicos, ni siquiera en la selección musical, que parece una lista aleatoria de los cuarenta principales de 2014.


Queda entonces lo que está en juego, que con una estructura de cuenta atrás prometía introducir un riesgo sólido para nuestra pareja protagonista. Pero incluso ahí el efecto queda diluido por unos vaivenes bastante confusos en la postura de la película respecto a las normas de esa noche. Una noche al año parece querer tomar una postura política contra la regulación gubernamental de los cuerpos (y, sinceramente, la premisa de la película no parece descabelladamente inverosímil en la América actual), pero también parece socavarse a sí misma en su celebración de la libertad sexual que retrata de forma intermitente. El desenlace resulta enormemente confuso, enredándose a la hora de definir y diferenciar entre el amor y el sexo. Sería una exploración y una conversación fascinantes, especialmente en un mundo actual en el que las citas se producen a través de aplicaciones, la gente joven tiene menos relaciones sexuales y las redes sociales y el porno están moldeando las expectativas sobre los cuerpos y la intimidad. Sin embargo, la película parece huir de cualquier introspección, y acaba pareciendo condenar el sexo por poco romántico y reivindicarlo al mismo tiempo. El resultado es que lo que está en juego nunca queda del todo definido y, para cuando llega el final, se ha vuelto intrascendente.


Tal como queda, Una noche al año es una comedia romántica bastante tibia e inofensiva, con una premisa divertida pero mal ejecutada. Los protagonistas son atractivos, aunque desequilibrados en sus capacidades, y uno acaba con una película de gama media que difícilmente va a hacerle ningún favor a la resurrección de la comedia romántica. Y sin embargo, me enganchó por una pequeña vía personal, con el más fácil de los tópicos: su ambientación.


Nací, crecí, estudié y trabajé en Nueva York hasta el año pasado, cuando me mudé a Madrid. Hace más de un año que no piso mi ciudad natal, y basta con ver una pizzería, un gato de bodega, un metro mugriento o a un personaje cogiendo una Citi Bike para que me suba una nostalgia irresistible. Solo cuando vives fuera te das cuenta de la cantidad de veces que aparece Nueva York en el cine, y de cómo cada fotograma se convierte en una punzada de recuerdo y añoranza. Desde luego que puedes vivir noches neoyorquinas de locura que se parezcan a ¡Jo, qué noche! o a Una noche al año, y no creo que uno quede plenamente bautizado como neoyorquino hasta que las vive. Por eso, con una ambientación probablemente motivada más por los incentivos fiscales que por decisiones creativas, sentí que me recibía el abrazo cálido de una película cursi y olvidable, pero que te ofrecía el apretón de manos secreto de un amigo de la infancia.


6.2/10

Comentarios


© 2013–2026 by Young Critic. Powered and secured by Wix

bottom of page