Toy Story 5
- Young Critic

- hace 4 días
- 4 min de lectura
Un juguete que vale la pena, sepultado bajo demasiadas cajas

La trilogía original de Toy Story ocupa un lugar especial en mi corazón, con la primera entrega siendo esa película que podía rever sin parar en VHS sin la menor fatiga, completamente embelesado por su mundo y sus personajes. Disney cerró la historia de forma magnífica en 2010 con Toy Story 3, aunque, como suele ocurrir con las franquicias de Hollywood en los últimos tiempos, siguió revisitándola para exprimir más beneficios. De ahí surgió Toy Story 4 (2019), una película que disfruté, pero que con el tiempo ha envejecido mal en mi memoria. Apenas recuerdo ya su trama, y solo conservo el desenlace, que parecía sellar definitivamente la historia de Woody y Buzz. Aun así, todavía se podían sacar más beneficios, y ahora ha llegado Toy Story 5 (2026).
Toy Story 5 es la primera entrega que no gira en torno a Woody (Tom Hanks) ni a Buzz Lightyear (Tim Allen) como protagonista principal. En su lugar, se centra en la vaquera Jessie (Joan Cusack), quien ha asumido el liderazgo de los juguetes de su niña, Bonnie (Scarlett Spears). El detonante de la trama es la llegada de la tecnología, concretamente de una tablet llamada LilyPad (Greta Lee), que se vuelve adictiva y tóxica para Bonnie, hasta el punto de que deja de jugar con sus juguetes por completo. Esto lleva a Jessie a un viaje que la enfrenta a su doloroso pasado y a las heridas de abandono que arrastra desde su antigua dueña, Emily, y por el camino conoce a nuevos juguetes que desafían su rechazo absoluto hacia toda tecnología, como el orinal parlante Smarty Pants (Conan O'Brien).
Toy Story 5 está dirigida por el veterano de Pixar Andrew Stanton y codirigida por McKenna Harris en su debut como directora de largometrajes. Stanton ha entregado algunos de los clásicos de Pixar, como Bichos, una aventura en miniatura (1998), Buscando a Nemo (2003) y WALL-E (2008). Con Toy Story 5, Stanton y Harris logran ofrecer una historia que se siente como una progresión más coherente y natural para nuestros personajes que la olvidable e inofensiva Toy Story 4. Al centrarse en el arco de Jessie, ya de por sí complejo e interesante desde entregas anteriores de la franquicia, la película cuenta con el peso emocional necesario para sostener una nueva entrega. Esto no quiere decir que Toy Story 5 alcance las cotas de la trilogía original, pero sí que se siente más como una auténtica pieza complementaria que aporta valor narrativo a la saga, en lugar del glorificado fanfiction en el que a menudo se convertía Toy Story 4.
Sin embargo, por primera vez de forma tan evidente en una película de Pixar (un estudio que normalmente disimula mejor sus cálculos comerciales más descarados), se percibe la interferencia del estudio en el proceso creativo. Woody y Buzz son, sin duda, los dos personajes icónicos de la franquicia de Toy Story, pero sus historias parecían haberse cerrado de forma definitiva en Toy Story 4. En esta secuela inmediata, se intuye que las mentes creativas detrás de la película intentan dejarlos atrás como personajes centrales, y sin embargo se les mete con calzador, una y otra vez, en la narración, de formas que nunca llegan a afectar realmente a la trama. Woody regresa para ayudar con el reto central mediante uno de los recursos narrativos más perezosos imaginables, y Buzz no es mucho más que una sombra que sobrevuela los acontecimientos de la historia. Resulta cada vez más obvio que ninguno de los dos estaba pensado para aparecer tanto como lo hace, y que más bien entorpecen la historia de Jessie. Pero, para poder ponerlos en el cartel y vender entradas, Stanton y Harris parecen haberse visto obligados a buscar la manera de incluirlos. Lo mismo ocurre con una trama secundaria entrañable, aunque distractora, sobre un cargamento de juguetes de Buzz Lightyear que naufraga en una isla desierta. Esta subtrama se siente más como un corto de Pixar intercalado dentro del largometraje que como una parte orgánica de la narración, y esos juguetes acaban convirtiéndose en recursos de deus ex machina que sacan a nuestros personajes de apuros de formas cada vez más convenientes.
Es precisamente esta paja la que, por un lado, alarga el metraje de forma innecesaria y, por otro, diluye la sólida narrativa central de la historia de Jessie. Despojada de todo lo demás, Toy Story 5 es una mirada genuinamente reflexiva sobre el dilema entre la tecnología y la infancia, un debate que hoy se libra en parlamentos, en el ámbito académico y en el sanitario de medio mundo. Pixar ofrece una visión matizada que no busca pintar las cosas en blanco y negro ni caer en absolutos, sino que aborda la cuestión a través de la idea de unas herramientas que, bien empleadas, pueden enriquecer la vida de un niño, y mal empleadas, pueden resultar enormemente dañinas. Este debate se desarrolla en varios niveles, accesibles tanto para adultos como para niños, demostrando una vez más la extraordinaria habilidad de Pixar para servir a ambos públicos en paralelo.
Pixar conserva además toda su calidad característica en el plano de la animación, que vuelve a resultar deslumbrante y una auténtica maravilla visual, desde el renderizado del pelo hasta las superficies reflectantes y cualquier otro tipo de material. El reparto de voces es sólido como siempre, con la bienvenida incorporación de O'Brien y Craig Robinson entre las presencias nuevas más destacadas. Incluso el ingenioso humor de Pixar en su mejor versión se conserva aquí en buena medida.
En definitiva, Toy Story 5 resulta una entrega con más peso y más satisfactoria desde el punto de vista narrativo que Toy Story 4, aunque nunca llega a alcanzar las cotas de la trilogía original. La película es irregular, lastrada por inclusiones de personajes y subtramas incongruentes que diluyen en lugar de sumar. Su comentario social sobre la tecnología está bien argumentado y presentado con cuidado, llegando a una conclusión madura mientras transmite, además, un mensaje central sobre cómo todas las relaciones, pasadas y presentes, tienen valor. Que una relación termine no significa que no te ayudara a crecer, o que no te diera alegría y felicidad por el camino. Esa parece ser, cada vez más, mi propia sensación hacia la franquicia de Toy Story, una saga cuyas nuevas entregas todavía disfruto hoy, pero cuyo gran valor e impacto en mi vida observo, cada vez más, por el espejo retrovisor.
7.2/10


Comentarios