Spider-Man: Brand New Day
- Young Critic
- hace 1 día
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Una entrega sólida de Spider-Man, sepultada bajo la continuidad

La fatiga superheroica está prácticamente confirmada a estas alturas. Supergirl (2026) fracasó, Wonder Man (2026) apenas registró audiencia en televisión, y tanto Thunderbolts* (2025) como Capitán América: Brave New World (2025) rindieron muy por debajo de lo esperado. El público solo acude ya a historias que le intrigan de verdad, o a personajes concretos por los que ya siente afecto, como ocurrió con Deadpool y Lobezno (2024). Esa teoría, la de que un puñado cada vez más reducido de personajes todavía conserva tirón en el género, está a punto de ponerse a prueba con el que quizá sea el superhéroe más simpático de todos: Spider-Man.
Spider-Man: Brand New Day (2026) es la trigésimo octava película del Universo Cinematográfico de Marvel y la cuarta entrega en solitario de Spider-Man en esta encarnación en imagen real. Tras los acontecimientos de Spider-Man: No Way Home (2021), que borraron a Peter Parker (Tom Holland) de la memoria del mundo, nuestro vecino y amigo Spider-Man opera ahora en el más absoluto anonimato, resistiéndose a la tentación de reconectar con su viejo amigo Ned (Jacob Batalon) o con su antiguo amor MJ (Zendaya) por la seguridad de ambos. Esa separación tajante entre sus dos identidades se pone a prueba cuando un nuevo y misterioso villano capaz de controlar mentes empieza a aterrorizar Nueva York y los poderes de Peter comienzan a evolucionar de formas que a la vez los potencian y le arrebatan el control.
Treinta y ocho películas después, la continuidad entretejida que hacía que el UCM pareciera revolucionario en la década de 2010 resulta cada vez más difícil de sostener. Cualquiera que haya logrado seguirle el ritmo a la producción reciente de Marvel, tanto en televisión como en cine, empezará a detectar incoherencias y contradicciones en Brand New Day casi de inmediato. Es una carga injusta que arrastra ya toda película nueva de Marvel, en la que la obligación de guiñar el ojo y preparar el terreno a una docena de personajes y tramas amenaza con devorar el metraje y dejar poco espacio para la historia que de verdad se está contando. Brand New Day, hay que reconocerlo, lo gestiona mejor que la mayoría.
Cretton encuentra su propio ritmo y su propio compás incluso dentro de esa narrativa abarrotada. No sorprende: también firmó una de las pocas entregas de Marvel genuinamente satisfactorias y entrañables tras Endgame con Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos (2021). Aquí ancla a su héroe apoyándose en el dilema entre Peter y Spider-Man (un tema, hay que admitirlo, bastante trillado para este personaje) para adentrarse en la faceta más íntima. Y bajo todos los guiños y cameos (¡Hulk! ¡Yelena! ¡Escorpión!) sí emerge la forma de una historia propia: un villano imperfecto, algunos secundarios realmente interesantes que enriquecen el viaje de Peter y, sobre todo, la calidez que este héroe nacido en Queens siempre ha llevado consigo, ya sea en sus réplicas más pequeñas o en sus sacrificios más generosos.
Cretton y los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers, que también coescribieron las anteriores películas de Spider-Man con Holland, encuentran momentos reales para hacer avanzar al personaje sin dejar de dar al público lo que espera. La película habría salido ganando si hubiera recortado algunos de esos guiños interconectados para dar más aire a su historia central; el modo en que aborda el borrado de memoria resulta por momentos intrigante y por momentos extremadamente conveniente. Tal como queda, el resultado final se siente algo sobrecargado con sus casi dos horas y media.
Holland sigue demostrando una comprensión y un cariño genuinos por este personaje que lo han convertido en el Spider-Man más longevo que ha dado el cine. Interpreta a Peter como alguien enormemente simpático sin ocultar nunca sus defectos, en particular una tendencia al autosabotaje y un dilema heroico ya conocido. El reparto secundario también es sólido, especialmente aquellos que no están ahí simplemente para un cameo, aunque en conjunto se les da poco espacio: solo el Punisher de Jon Bernthal y Zendaya tienen margen para mostrar algo de profundidad real. El villano sufre del mismo problema. No lo nombraré, ya que la campaña de marketing mantuvo su identidad en secreto, pero ese secretismo tiene un precio. Al reservarse la revelación durante tanto tiempo, las motivaciones y el trasfondo llegan atropellados, y el intérprete nunca dispone del tiempo en pantalla suficiente para hincarle el diente.
Cretton demostró un amor genuino por lo físico y lo tangible en Shang-Chi, aunque aquella película arrastraba igualmente la inevitable saturación de CGI de cualquier superproducción de superhéroes. Con Nueva York como telón de fondo aquí (irónicamente, la película se rodó casi en cualquier otro sitio menos allí), decepciona lo a menudo que se nota el croma y lo chapucero que resulta parte del CGI, dejando varias secuencias más cerca de un videojuego que de la imagen real.
Esa cualidad de videojuego se filtra también en la estructura narrativa. Brand New Day replica el ritmo de misión en misión de los recientes juegos de Spider-Man de PlayStation en lugar de comprometerse con una forma cinematográfica más limpia y enfocada. Y sin embargo, incluso cargando con todo ese lastre del UCM, que cada vez se lee más como una desventaja que como un activo para estas películas, Brand New Day funciona como una entrega divertida y sólida dentro de esta etapa de Spider-Man. Holland sigue demostrando que es la versión definitiva del personaje en pantalla, y consigue que uno quiera seguir viendo aventuras de su vecino y amigo Spider-Man.
7.6/10

