Maestro

El segundo trabajo de Bradley Cooper como director es su obra cumbre

Pese a ser estrella de acción, galán romántico e intérprete aclamado, Bradley Cooper se está convirtiendo rápidamente en uno de los talentos más singulares de su generación tras la cámara. Su fascinación por la música nos trajo el refrescante remake Ha nacido una estrella (2018), y con su segundo largometraje ha entregado el biopic definitivo sobre el director de orquesta y compositor Leonard Bernstein.
Maestro (2023) sigue la vida del célebre compositor y director de orquesta estadounidense Leonard Bernstein (Cooper), que transita por una existencia marcada por la dualidad junto a su esposa, Felicia (Carey Mulligan). Bernstein vive dividido por su condición queer y sus infidelidades, y consumido por su pasión suprema: la música. Todo ello pesa enormemente sobre Felicia, a quien vemos debatirse bajo el peso de ser la pieza esencial del éxito de Bernstein y, a la vez, su activo menos valorado.
Cooper firmó una película competente y dramáticamente satisfactoria con Ha nacido una estrella, pero en Maestro sus pinceladas artísticas son más audaces y no se guarda nada. Cooper domina por completo todas sus facetas, jugando con la relación de aspecto, el color, la duración de los planos y mucho más para ofrecer un viaje inmersivo y pleno por la vida de Bernstein y Felicia. Empezamos en formato 1:1 y en blanco y negro, y poco a poco pasamos a la pantalla ancha y al color a medida que vamos «completando» los elementos de la historia de Maestro. Los largos planos secuencia que utiliza Cooper, junto con los planos medios, transmiten además la sensación de estar viendo una actuación en directo. Esos planos largos impresionan tanto en las escenas de diálogo a dos como en las arrolladoras secuencias de dirección orquestal. Estas últimas son clave para transmitir al espectador la genialidad musical de Bernstein. No muchos saben de dirección de orquesta, pero la pasión y el asombro que desprenden estos planos musicales ayudan a cualquiera a entender el genio y el arte únicos que aportaba Bernstein.
Cooper, que coescribió el guion con Josh Singer, toma una decisión clave en la que fallan muchos biopics: convertir a la esposa del genio en personaje principal. Muchas películas sobre figuras célebres insisten en que la esposa es el «pilar» del genio atormentado, pero nunca le dan la caracterización ni la exploración necesarias. Maestro acierta al situar a Felicia como protagonista junto a Bernstein, con igual o incluso más tiempo en pantalla que él. Eso permite iluminar la historia, mucho más fascinante, del papel contradictorio y frustrante que Felicia se vio obligada a asumir, en el que chocaban su sentido de la identidad, su autoestima y el amor por su pareja. Cooper deja claro que Felicia fue un personaje tan esencial en esta historia como el propio Bernstein.
Maestro es una película a dos, en la que tanto Cooper como Mulligan firman, sin discusión, los mejores trabajos de sus carreras. Cooper desaparece en su papel, ayudado por uno de los mejores maquillajes cinematográficos de los últimos años (obra del legendario Kazu Hiro). Los largos planos que emplea le permiten tomarse su tiempo en las escenas, dejando que el espectador vea las sombras de la emoción cruzar la mirada de Bernstein cuando niega su homosexualidad ante su hija, o su luminosa y vibrante dirección en cada pieza musical. Es difícil no ponerse la piel de gallina en estas últimas escenas; yo, desde luego, me emocioné tanto con ellas como con las desgarradoras escenas centradas en los personajes. Mulligan, como Felicia, ofrece uno de los estudios de personaje más fascinantes. Felicia es una mujer perdida en su frustración, que quiere escapar pero está locamente enamorada, que sufre y busca en vano, sabiendo que toda su vida estará siempre ligada a la figura de Bernstein. Mulligan interpreta las contradicciones y las discusiones a la perfección, permitiéndonos presenciar y comprender plenamente su sensación de pérdida y su innegable propósito.
Maestro es un triunfo cinematográfico rotundo, con Cooper entregando su obra magna tanto en la interpretación como en la dirección. El uso minucioso y audaz de las técnicas cinematográficas en la producción, el vestuario y el maquillaje, así como la elevación de una insuperable Mulligan a la altura del protagonista, la convierten en una de las mejores películas de los últimos años. Si a eso se le suma el espectacular catálogo musical de Bernstein, hay pocos motivos para no correr a verla de inmediato.
9.5/10


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