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El precio de la red

Foto del escritor: Young Critic
Young Critic
hace 8 minutos
4 min de lectura

La continuación de Aaron Sorkin es desganada e innecesaria

La red social (2010) fue una película bien recibida en su momento, con una buena recaudación en taquilla, el aplauso de la crítica y premios. Sin embargo, la película iba en muchos sentidos muy por delante de su tiempo, diagnosticando a las personas rotas que había detrás de la creación de Facebook y, con ello, la tóxica cultura de internet en la que vivimos hoy. Con la brillante dirección de David Fincher, un guion estelar de Aaron Sorkin, una partitura inolvidable de Trent Reznor y Atticus Ross e interpretaciones icónicas, es una de las mejores películas de este milenio. Sorprende entonces que, tratándose de una película que ha envejecido tan bien y que sigue interpelando al momento actual, se haya hecho una especie de secuela.


El precio de la red (2026) sigue al periodista del Wall Street Journal Jeff Horwitz (Jeremy Allen White), que en 2021 trabajó con una denunciante de Facebook, Frances Haugen (Mikey Madison), para destapar cómo Facebook y su fundador y consejero delegado, Mark Zuckerberg (Jeremy Strong), ocultaron y ajustaron su algoritmo de recomendación para enganchar a la gente a sus plataformas mostrándole contenidos cada vez más extremos e indignantes.


El precio de la red es una supuesta secuela, en el sentido de que vuelven el mismo guionista y el mismo director de fotografía para hacer otra película sobre Facebook. El reparto es completamente nuevo, y temáticamente no comparte gran cosa con la película anterior. Quien vuelve es Sorkin, que esta vez también se pone tras la cámara. Sorkin dirige todos sus guiones desde Molly's Game (2017), su debut como director. Los resultados han sido desiguales, y muestran a un director que todavía busca su sitio y que no consigue superar su tendencia a anteponer el diálogo a todo lo demás. El resultado es que sus películas siguen siendo verborreicas e ingeniosas, pero carecen de un uso dinámico del espacio, de estilo visual o de matices tonales. El precio de la red encuentra a Sorkin en un estado aún más rígido. Su guion se siente inerte, sus personajes planos y su dirección es sosa y estática. La red social era un sombrío estudio de personaje sobre las contradicciones de Zuckerberg, no solo el relato de cómo se fundó Facebook. Ahondaba en la ironía de que Facebook se creó para que Zuckerberg fuera aceptado y encontrara amigos y, sin embargo, al final se queda solo. El precio de la red, en cambio, parece más bien un resumen de Wikipedia del reportaje de investigación del Wall Street Journal.


Sorkin es conocido por sus personajes y guiones inteligentes, y así ha sido en todas las películas que ha dirigido. El precio de la red es la primera que parece una pasada con poca energía por parte de Sorkin, con personajes que no terminan de comprender los conceptos y que se convierten en meros vehículos para soltarle datos al espectador. El resultado es una versión simplificada y sobreexplicada del trabajo periodístico de Horwitz, acompañada de una banda sonora cursi y de algunas estrellas de primera fila. En ningún momento intenta Sorkin adentrarse en sus personajes ni quiere entender a Zuckerberg. La conclusión es una que ya está más que extendida y asumida: Facebook = malo. Algo que se ha visto confirmado recientemente con consecuencias mucho mayores, a raíz de sentencias judiciales sobre el uso de las redes sociales por parte de menores y la recopilación de datos, que podrían traducirse no solo en multas enormes, sino también en nuevas acciones antimonopolio. Aunque, eso sí, la preocupación se ha desplazado de la toxicidad de las redes sociales a la naturaleza existencial de la inteligencia artificial. Por ello, muchos espectadores reaccionarán ante El precio de la redcon un: «¿Y qué?». No aporta nada nuevo a la conversación, ni se molesta en ofrecer exploración artística o de personajes, y se limita a sumarse al coro de condenas contra Zuckerberg y Facebook, casi una década después de que todos nos subiéramos a ese barco.


El precio de la red reúne un reparto impresionante, entre ellos Madison en su primer trabajo tras su interpretación ganadora del Óscar en Anora (2024). Es la que más destaca del conjunto, aunque eso no sea decir mucho. No es una crítica al resto del reparto: simplemente no se les da ningún matiz ni profundidad con los que trabajar. Incluso el chispeante diálogo de Sorkin brilla por su ausencia, como si hubiera escrito el guion medio dormido. White sigue sin lograr convertir su gran etapa en The Bear (2022-2026) en oro cinematográfico, tras el insulso biopic musical Springsteen: Deliver Me From Nowhere (2025); en esta película resulta soso y monocorde. Madison, en cambio, da vida a su personaje, aunque la mayoría de sus frases sean puras descargas de información, y gracias a algunas manías tópicas y a una dicción sarcástica consigue esbozar algo parecido a una personalidad. Strong es quizá el actor con más presión encima, pues hereda un papel que hizo famoso a Jesse Eisenberg. Sin embargo, Strong parece maniatado por una dirección y un guion pobres, más interesados en relatar los hechos que en preguntarse cómo y por qué ocurrieron. Así, a Strong le toca ofrecer una imitación de Zuckerberg, que borda con habilidad, pero que encajaría mejor en un episodio de lujo de Saturday Night Live (1975-).


En definitiva, El precio de la red es una continuación pálida e innecesaria de La red social. Le interesa más resumir los hechos que indagar en sus personajes. La desganada dirección de Sorkin sorprende, sobre todo con un guion inusualmente carente de chispa. La película no necesita compararse desfavorablemente con La red social para quedarse corta: lo consigue por sí sola, simplemente por ser olvidable al instante.

 

5.8/10

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