Coyote contra ACME

La «película perdida» es una comedia redonda y, además, con comentario meta

A pesar de que Estados Unidos es el centro del capitalismo, en los últimos años, conforme la desigualdad de ingresos ha alcanzado niveles desorbitados, la opinión pública se ha ido volviendo contra las grandes corporaciones. Según una encuesta reciente de Gallup, más de dos de cada tres estadounidenses tienen una visión negativa de las grandes empresas. Hollywood, lamentablemente, avanza por la vía de la concentración, con Paramount a punto de engullir a Warner Bros. Ya unos años antes, cuando Warner Bros. se fusionó con Discovery en 2022, su nuevo consejero delegado, David Zaslav, impuso una visión cínica centrada en la cuenta de resultados. Aprovechando un periodo de gracia para clasificar determinados proyectos como desgravaciones fiscales, numerosas películas terminadas quedaron archivadas indefinidamente, condenadas a no ver nunca la luz. Entre ellas había una película de Batgirl, una secuela de Scooby-Doo y la comedia de los Looney Tunes Coyote contra Acme (2026). Esta última, sin embargo, sí pudo venderse a una productora independiente, Ketchup Entertainment, que ha estrenado ahora esta «película perdida».
Coyote contra Acme adapta un artículo publicado en The New Yorker en 1990 que imaginaba al clásico personaje de los Looney Tunes, el Coyote, demandando a la empresa ACME por todos los productos defectuosos que le compra para intentar atrapar al Correcaminos. En la película, el Coyote contrata a un abogado de accidentes venido a menos (Will Forte), que se ve completamente sobrepasado al enfrentarse a la gigantesca multinacional ACME y a su intimidante jefe de asesoría jurídica (John Cena). Sin embargo, con la persistencia del Coyote, la chispa efervescente de su sobrina becaria (Lana Condor) y algunos delatores de dibujos animados bastante familiares, esta cuadrilla desastrada se prepara para plantar cara a todo pronóstico.
El artículo de The New Yorker era una pieza enormemente original, con ese humor socarrón tan característico de la revista. La película lo adapta con solvencia a la pantalla, mezclando el mejor humor visual de los Looney Tunes con algunos gags socarrones marca de la casa. Dave Green dirige aquí apenas su tercer largometraje, tras la mediocre Earth to Echo (2014) y la secuela producida por Michael Bay Ninja Turtles: Fuera de las sombras (2016). Green demuestra buena mano para mantener la coherencia en las interpretaciones cómicas de su reparto, integra de forma convincente a los personajes animados (en su mayoría mudos) con el mundo real y sostiene un ritmo ajustado, de modo que la película nunca se hace pesada, pero tampoco atropella unos momentos emotivos sorprendentemente eficaces.
Coyote contra Acme no es el típico producto para sacar dinero a costa de un elenco de personajes clásicos, como ocurría en Space Jam: Nuevas leyendas (2021), sino que utiliza con creatividad la historia y la fama de sus personajes para articular un comentario real, muy en la línea de la poco vista Chip y Chop: Los guardianes rescatadores (2022). Coyote contra Acme no se limita a ridiculizar y señalar cómo se reduce nuestra autonomía a medida que dejamos que las corporaciones crezcan y se conviertan en monopolios de sus respectivos sectores, sino que además subraya la importancia y la belleza que puede tener una persistencia sisifeana. El mito griego se menciona directamente en la película a propósito de la insistencia del Coyote y de su continuo fracaso a la hora de atrapar al Correcaminos, pero se aborda más bien en la línea de la lectura que hizo Albert Camus en El mito de Sísifo, donde admira que la repetición y el objetivo de Sísifo le otorguen un propósito vital. Resulta un análisis hermoso e inesperado de la relación entre el Coyote y el Correcaminos, una en la que el propósito está en la persecución y no en el acto de atrapar. Ofrece además un paralelismo precioso con la vida real, donde esta película estaba condenada a no ver jamás la luz y donde la insistencia de sus responsables y de los amantes del cine contribuyó a conseguirle el estreno que merecía.
En definitiva, Coyote contra Acme es una comedia maravillosamente lograda, que mezcla animación e imagen real con desparpajo e ingenio, mantiene un metraje contenido y desliza un comentario bastante profundo sobre nuestra capacidad de resistir frente a este capitalismo tardío. Más allá de pasar un buen rato, ir a ver esta película es en sí mismo recompensar la persistencia y la resistencia contra todo pronóstico de un arte que merece ver la luz.
7.8/10


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