Scream 7
- Young Critic

- hace 4 días
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Más Bostezo que Grito

Ninguna franquicia está a salvo del afán de Hollywood por exprimir cada franquicia hasta la última gota. Las películas de Scream habían conformado una saga sólida que, pese a entregas de rendimiento decreciente, siempre había sabido ofrecer una visión disfrutable y autocrítica de su propio género. Desde su "resurrección" tras once años de pausa entre Scream 4 (2011) y la quinta entrega, confusamente titulada Scream (2022), la franquicia lleva tiempo arriesgándose a una sobreproducción que podría acabar diluyendo su reputación. Y así llegamos a Scream 7 (2026).
Scream 7 sigue a Sydney Prescott (Neve Campbell), superviviente de las primeras cuatro películas, ahora madre de tres hijos, mientras ella y su hija mayor, Tate (Isabel May), son acechadas por un nuevo asesino enmascarado que dice ser alguien del pasado de Sydney que se daba por muerto.
La película está dirigida y coescrita por Kevin Williamson, el influyente guionista de las primeras entregas, en gran medida responsable del resurgimiento del cine de terror slasher durante los años noventa, tanto con esta saga como con su guion de Sé lo que hicisteis el último verano (1997). Este es solo el segundo trabajo de Williamson de director, después de la mal recibida Jugando con la maestra (1999). Su vuelta a la dirección deja al descubierto cierta torpeza e inexperiencia que, en otras circunstancias, quedaría disimulada por su destreza como guionista; lamentablemente, el libreto de Scream 7 carece por completo de la chispa y la inventiva de las primeras películas.
Scream 7 arrastra también el peso de una historia interrumpida a la fuerza. Esto se debe en gran medida a factores ajenos a lo creativo: primero, el despido de la protagonista de las dos últimas entregas, Melissa Barrera, tras mostrar su apoyo a Palestina en las redes sociales. A esto le siguió la salida en solidaridad de su compañera de reparto Jenna Ortega, dejando a la franquicia sin cara visible. Sumado a ello, la marcha de los directores que la habían revitalizado, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (conocidos como Radio Silence), supuestamente por compromisos de agenda, dejó a la saga completamente a la deriva. Así, Paramount recurrió a Williamson y a la protagonista original, Campbell, en un desesperado intento por mantener viva la producción. Lo cual resulta especialmente bochornoso si se recuerda que Campbell se había negado a aparecer en Scream VI (2023) tras recibir una oferta rebajada. Al parecer, cuando aprieta la desesperación, el presupuesto aparece.
Todo lo anterior sirve para ilustrar que esta entrega no nació de ningún impulso creativo genuino ni de una necesidad narrativa real; fue, más bien, el cumplimiento de una cuota. Si bien volver a Williamson podría haber sido una apuesta inteligente para encontrar una razón de peso que justificara regresar a estos personajes, el resultado es un producto notablemente más descuidado.
Scream 7 pretende funcionar como otra secuela-remake de la primera película: de nuevo hay personajes históricos que regresan, un villano familiar al que enfrentarse y una nueva generación de arquetipos listos para recoger el testigo. Pero, ¿no era exactamente eso lo que hacía Scream de 2022? Todo apunta a que Scream 7 busca pasar página respecto a las dos películas con Barrera y establecer un nuevo grupo de protagonistas. Sin embargo, la construcción de la trama, las motivaciones de los personajes y el misterio central de "¿quién es Ghostface?" están resueltos con tal torpeza que cuesta tomárselo en serio. La película nunca termina de decidir si centrarse en los personajes nuevos o en los de siempre, y el resultado es que ambos grupos quedan a medias y relegados a un segundo plano. Sydney se ve obligada a repetir el mismo arco que ya vivió en Scream 4, aunque esta vez con diálogos aún más penosos.
El argumento está zurcido de la manera más atropellada, sin saber cómo encadenar un suceso con el siguiente de forma coherente; en su lugar, da saltos hacia adelante y hacia atrás, ignorando decisiones importantes de los personajes, muertes y cualquier atisbo de lógica. Esto sorprende aún más teniendo en cuenta el plantel de guionistas con experiencia a bordo. Junto a Williamson están Guy Busick y James Vanderbilt, colaboradores habituales de Radio Silence (Vanderbilt también escribió Zodiac en 2007). Con todo, aunque la dirección de Williamson deja a sus actores bastante a su aire, el talón de Aquiles de Scream 7 es su guion descuidado, sus diálogos flojos y unos personajes apenas esbozados.
Ni siquiera la vuelta de Campbell y otros rostros conocidos de la saga en apariciones testimoniales logra tapar las carencias con nostalgia. Probablemente porque se repiten demasiadas situaciones que su personaje ya ha vivido. Campbell pone todo el empeño profesional que cabe esperar, pero el terreno es tan trillado que difícilmente puede extraer nada nuevo de él. May, como nueva incorporación a la franquicia, sale airosa del papel, aunque confinada a una trama bastante telenovelesca para su personaje adolescente. Lo que ya resulta difícil de justificar es cómo Williamson dirige su cámara sobre ella con una mirada abiertamente masculina y cosificadora, de modo que no hay una sola escena en la que May aparezca sin el vientre al descubierto. El terror slasher siempre ha cosificado a las mujeres de manera ridícula, y aunque las últimas películas de Scream tampoco destacaban precisamente por lo contrario, la desfachatez de Scream 7 en este sentido resulta hasta cómica.
Si hay algún punto a favor de esta nueva entrega, es que las muertes siguen siendo originales y que algunos momentos de tensión funcionan, aunque sean escasos. Aun así, esta entrega es sin duda la peor de toda la saga y parece confirmar que la inmunidad que Scream parecía tener frente a las secuelas vergonzantes que han hundido franquicias como Pesadilla en Elm Street o Halloween se ha agotado. Tras un proceso creativo especialmente turbulento, la razón de ser de esta entrega y de su nueva dirección artística nunca logra justificarse ante el espectador. El resultado es una película que invita más al bostezo que al grito en la sala.
3.8/10


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