Obsession
- Young Critic

- 30 jun
- 6 min de lectura
El debut de Curry Barker perdura mucho después de que rueden los créditos

Hace ya más de un año que vuestro critico favorito, Young Critic, se mudó de Estados Unidos a España. Aunque ello me ha permitido crecer en ciertos sentidos, también ha condicionado la publicación de críticas al calendario de estrenos europeo, que con frecuencia implica recibir las películas más pequeñas con meses de retraso respecto a su estreno en Estados Unidos. Esto se ha revelado, sorprendentemente, como uno de los ajustes más difíciles de la mudanza, aunque uno aprende a convivir con los calendarios distintos (me niego a recurrir a la piratería). Sin embargo, ningún retraso había puesto a prueba mi paciencia como el de Obsession (2025). La pequeña película de terror se ha convertido en un fenómeno taquillero y cultural, sin duda el acontecimiento cinematográfico del año. Tras meses de debate crítico (intentando, como he podido, mantenerme al margen de los spoilers) y de escuchar a viejos amigos y familia deshacerse en elogios sobre la experiencia de verla, la película ha llegado por fin a las salas españolas.
Obsession cuenta la historia de Bear (Michael Johnston), un tímido dependiente de una tienda de música secretamente enamorado de su extrovertida compañera y amiga Nikki (Inde Navarrette). Cuando Bear entra por casualidad en una tienda esotérica en busca de un pequeño regalo para Nikki, encuentra un juguete llamado One Wish Willow que promete hacer realidad un deseo si lo rompes. Una noche, de regreso a casa, incapaz de confesarle sus sentimientos, Bear parte el palito y pide que Nikki le quiera más que a nadie en el mundo. Como suele ocurrir en las películas de terror, el deseo se cumple, pero la moraleja de «ten cuidado con lo que deseas» no tarda en hacerse presente. Nikki empieza a mostrarse cada vez más infatuada y servil con Bear, quien al principio se inquieta aunque tampoco le disgusta ver a su amor de toda la vida pendiente de cada una de sus palabras. Sin embargo, Bear pronto descubre que la infatuación de Nikki está teñida de una obsesión y una codependencia que se vuelven cada vez más antinaturales e inquietantes.
Obsession es otra película de este año firmada por un director que empezó en YouTube, siguiendo los pasos de Iron Lung(2026) de Mark Fischbach y Backrooms (2026) de Kane Parsons. Obsession es obra de Curry Barker, un relativamente veterano de 26 años frente a los 20 de Parsons. Esta nueva hornada de cineastas no está revolucionando el cine tanto a través de su oficio, por talentosos que sean, como tocando una fibra cultural que ha convertido a la Generación Z en la más asidua a las salas de cine de este año. Es un verdadero cambio generacional que está devolviendo al público a las películas originales mientras franquicias como Star Wars: The Mandalorian y Grogu (2026) y Supergirl (2026) quedan eclipsadas. Quién iba a pensar que para conseguir que los jóvenes vayan al cine bastaba con que los jóvenes hicieran las películas.
Mientras que Backrooms demostró ser un debut de terror absorbente con una calidad inmersiva extraordinaria, Obsessionopera en muchos más niveles, tocando un tema aún más cercano para cualquier espectador joven: las relaciones. Como toda gran historia, puede leerse y disfrutarse de formas distintas según el nivel al que uno se acerque. El horror en su capa más superficial es apasionante, inesperado y genuinamente perturbador en el mejor sentido, pero es la capa más profunda la que de verdad me sacudió, trayendo a primer plano ecos de experiencias propias y de las relaciones de amigos. Obsession muestra cómo, a través de pequeños actos de manipulación emocional y culpa, Bear va cediendo su autonomía y su espacio personal hasta que es demasiado tarde y la escalada de amenazas y toxicidad se vuelve insoportable. Lo que me estremeció no fueron tanto las escenas de violencia culminante como las microtoxicidades: no poder levantarse de la cama por la noche, o los regalos del love bombing que te dejan sintiéndote en deuda con tu pareja. Son señales no de amor, sino de necesidad y adicción, que al satisfacerse solo empeoran las cosas y hacen más difícil salir. Son esos elementos los que resuenan con más fuerza y los que con más probabilidad te revuelven el estómago al salir del cine.
Obsession también puede leerse a través de otras lentes. Una lectura feminista podría ver en la dominación del cuerpo femenino por el deseo masculino un reflejo del estado actual de Estados Unidos, especialmente con Bear funcionando como un alter ego empático pero reconocible del incel. Otra lectura feminista podría abordar la tendencia de las tradwives, que pregonan abrazar un papel servil hacia el hombre en la sociedad actual, y a quienes Obsession presenta como manipuladas y sometidas mientras la mujer real sufre por dentro. Podría escribir una tesis doctoral sobre los distintos ángulos y lecturas que encontré insinuados en la película, que van desde la enfermedad mental hasta la mitología egipcia (esos gatos y Bastet… solo digo), pasando incluso por el mundo del subconsciente y los sueños. La película está salpicada de pistas que te dejarán despierto recomponiendo el puzzle: llegué a casa comentando la película y de repente dos piezas encajaron, desvelando una lectura retorcida de «Hansel y Gretel» y el mensaje que se estaba enviando, lo que me provocó un escalofrío.
Sin caer demasiado en el laberinto de descifrar los simbolismos, se puede decir sin miedo que Obsession es un texto rico, construido por Barker con mano experta. Su destreza cinematográfica va más allá de lo simbólico hacia lo técnicamente solvente. Su horror y su suspense están edificados con un oficio genuino, ganándose sus sustos, y aunque abusa de la música para sostener el clima inquietante, resulta eficaz en los momentos clave. Lo más importante, sin embargo, es que Barker construye personajes con profundidad y con algo verdadero en juego. En los primeros diez minutos captamos la historia de estos personajes y la lamentamos cuando empieza a cambiar. Bear es sin duda un hombre con defectos y pulsiones próximas a la manosfera, pero nunca se tiene la sensación de que actúe desde la maldad, y eso nos permite ver un personaje defectuoso, simpático aunque en última instancia egoísta. Nos ponemos de su lado y le deseamos el éxito, quizás porque reconocemos en él cierto arrepentimiento y cierto egoísmo propios.
Rodada con menos de un millón de dólares de presupuesto, Obsession consigue lucir mucho mejor en sus efectos, su maquillaje y su clima de terror que muchas películas exponencialmente más grandes. Barker lo logra en gran medida a través de la pura creatividad, especialmente en la iluminación. Me inquietaba constantemente la simple elección de mantener gran parte del rostro de Nikki en la sombra, con solo sus ojos destellando en una conversación aparentemente ordinaria. El uso de su rostro en sombra funciona a la vez en un plano simbólico, como la máscara que esta nueva Nikki lleva puesta, y como recurso perturbador para mantenernos en vilo: ¿está despierta? ¿Es amenazante? ¿Es ya tan solo una silueta que puede ser poseída, quizás en más de un sentido? Es una demostración de que la creatividad nunca se puede comprar y de que la brillantez innovadora es difícil de contener.
Trabajando con un presupuesto reducido, Barker recurrió a amigos y caras nuevas para su reparto. Johnston, que es su compañero de piso, está muy bien en el papel protagonista, permitiéndonos ver la desesperación y la codicia de Bear sin dejar de hacernos simpatizar con él. Pero es Navarrette quien destaca por encima de todo, adueñándose de la pantalla. El papel de Nikki no solo exige a la actriz estadounidense transitar por emociones exageradas e intensas y por escenas incómodas y desmesuradas, sino que además proyecta una presencia en pantalla que domina incluso las escenas en las que no aparece. La suya no es solo una interpretación física, sino también emocional: Nikki es una persona desgarrada entre la mujer real que permanece oculta y la fantástica conjurada por el deseo de Bear, y Navarrette logra sostener ambas simultáneamente.
He llegado tarde a la conversación sobre Obsession, y sin embargo, pese a la expectativa imposible acumulada tras meses oyendo hablar de su impacto cultural en Estados Unidos, la película estuvo a la altura de cada una de ellas y las superó. Escrita con riqueza por Barker, dirigida y construida con maestría en su debut, y anclada por la actuación indomable de Navarrette, Obsession es una película que te perseguirá menos a través de sus imágenes genuinamente espeluznantes que a través de los ecos de tus relaciones pasadas que se filtran en ti mientras ruedan los créditos y que se niegan a dejarte dormir.
9.0/10


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