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El día de la revelación

  • Foto del escritor: Young Critic
    Young Critic
  • hace 20 horas
  • 4 min de lectura

Una luz familiar en el cielo, más tenue que antes

A pesar de una carrera variada repleta de películas icónicas en géneros y formatos muy distintos, Steven Spielberg parece sentirse más cómodo dentro de la ciencia ficción, y más concretamente con las películas sobre extraterrestres. Dos de sus primeras películas, Encuentros en la tercera fase (1977) y E.T., el extraterrestre (1982), figuran entre las más célebres de su filmografía, y ha vuelto a ese territorio en filmes como La guerra de los mundos (2005) o, de forma más tangencial, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008). Tras ralentizar notablemente su ritmo de producción (dos películas en los últimos nueve años), el maestro estadounidense regresa a su universo alienígena habitual con El día de la revelación (2026).


El día de la revelación sigue el intento de filtrar al público la existencia de extraterrestres en contra de la voluntad del gobierno. Daniel Kellner (Josh O'Connor), una pieza clave de esa filtración, anda huyendo con información crucial procedente de la agencia gubernamental clandestina WARDEX, dirigida por el implacable Noah Scanlon (Colin Firth). En paralelo, Margaret Fairchild (Emily Blunt), meteoróloga de una filial de la NBC en Kansas City, empieza a desarrollar capacidades extrañas, como hablar con fluidez idiomas que nunca ha estudiado e incluso emitir sonidos guturales y chasquidos en directo, lo que pone en alerta tanto a WARDEX como a la organización filtradora para la que trabaja Daniel, encabezada por el impasible Hugo Wakefield (Colman Domingo).


La película marca la primera colaboración entre el guionista David Koepp y Spielberg desde Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Ambos parecen sumergirse en el estilo y la estructura narrativa nostálgicos de los primeros trabajos de Spielberg, siempre embelesados por la curiosidad y el asombro. El modelo más evidente parece ser Encuentros en la tercera fase, hasta el punto de que El día de la revelación se siente casi como un remake. Ambas películas presentan personajes humanos obsesionados con un mensaje extraterrestre que solo ellos reciben y que, a pesar de los esfuerzos del gobierno por silenciarlos, terminan convencidos de que deben encontrar respuestas, tanto para sí mismos como para el mundo.


Mientras que Encuentros en la tercera fase era una película más compacta en su forma de examinar a un solo hombre y el efecto que esa nueva obsesión tenía sobre su familia, ya fracturada (un reflejo, a su vez, de la propia infancia de Spielberg), El día de la revelación recurre a un presupuesto mayor y a los avances tecnológicos para ampliar su alcance. Sin embargo, ahí radica uno de los principales tropiezos de la película: al tomar más distancia y reunir un reparto más numeroso, se diluyen la profundidad de los personajes y la implicación emocional en su recorrido. No hay una razón evidente por la que Daniel y Margaret no pudieran haberse condensado en un único protagonista, lo que habría permitido a la película profundizar más y dedicar más tiempo a desarrollar a ese personaje. En cambio, todo parece más grande por el simple hecho de serlo, sin que exista ningún motivo particular, y como resultado el interés por la trama nace más de la curiosidad propia de la ciencia ficción que del afecto hacia ninguno de los personajes.


Este enfoque superficial también afecta a las interpretaciones, que, aunque a cargo de actores con talento, quedan reducidas a transmitir una sola emoción cada una. Blunt mantiene durante todo el metraje una expresión de ciervo deslumbrado por los faros, O'Connor encarna una paranoia monótona de principio a fin, e incluso el siempre solvente Firth queda reducido a poco más que refunfuñar todas sus frases. Resulta irónico, porque esto va en contra del tema central de la película. Ese tema no es un comentario sobre los archivos Epstein, ni tampoco el supuesto lanzamiento encubierto de archivos reales sobre extraterrestres, como han sugerido algunos conspiranoicos en internet, sino más bien un argumento de que la desconfianza hacia la conexión humana nace de una idea de la verdad fracturada y encerrada en sí misma. Spielberg y Koepp proponen que redescubrir una verdad compartida bastaría para ayudarnos a tender puentes sobre divisiones que se han vuelto demasiado profundas, aunque envuelven la idea en una premisa de ciencia ficción entretenida. Sin embargo, la ironía es que esas afinidades humanas no aparecen por ningún lado en las caricaturas planas que poblan la película.


Aun con un guion más débil y unas interpretaciones limitadas, Spielberg mantiene un nivel de oficio innegable. El director y el equipo que suele reunir parecen incapaces de hacer una película que no luzca bien, aunque lo intentaran. La fotografía, el montaje, el vestuario, las escenas de acción e incluso la partitura del ya no retirado John Williams resultan innegables en su minuciosa artesanía, y juntos refuerzan el registro nostálgico que El día de la revelación aporta a la obra de Spielberg. Realmente se siente, en el mejor sentido posible, como ver una película de hace décadas.


En definitiva, El día de la revelación es una película de extraterrestres competente, prácticamente un remake de Encuentros en la tercera fase, aunque también más diluida y plana que aquel clásico de 1977. Por ejemplo, mientras que en Encuentros en la tercera fase los extraterrestres se comunican a través de la música, una idea brillante que apunta a un lenguaje común a todos los seres con emociones, en El día de la revelación se comunican, en cambio, mediante el manido recurso de las matemáticas. Aunque Spielberg conserva destellos de brillantez y su asombro infantil de siempre, lo más probable es que, al salir del cine, sientas más ganas de volver a ver sus anteriores películas de extraterrestres que de repetir esta.


6.9/10

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