Proyecto Salvación
- Young Critic

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Un entretenimiento popular que merece todos los aplausos

A pesar del éxito que cosechó la novela Marte de Andy Weir en la gran pantalla con la película homónima de Ridley Scott y Matt Damon, ha tardado más de una década en llegar la adaptación de otra de sus obras. Esta vez, con un astronauta solitario e ingenioso en el espacio, el resultado es Proyecto Salvación (2026).
Proyecto Salvación arranca con Ryland Grace (Ryan Gosling), un hombre que despierta de un coma con amnesia y se descubre como el único superviviente de la tripulación de una nave espacial. A través de una serie de analepsis, Ryland va recordando que es microbiólogo y profesor de secundaria, y que fue reclutado para una misión de salvación planetaria por la implacable Eva Stratt (Sandra Hüller) tras la aparición de unos microbios extraterrestres que están consumiendo el sol. Ryland comprende entonces que su misión es descubrir el origen de estos microorganismos y la forma de detenerlos.
Proyecto Salvación supone el regreso a la dirección de Phil Lord y Chris Miller, que, si bien habían seguido activos como productores, no habían dirigido una película desde La gran aventura Lego (2014). Aunque ya habían firmado éxitos comerciales anteriormente, Proyecto Salvación es el proyecto de mayor presupuesto y ambición que han abordado hasta ahora, con más de 200 millones de dólares. Sin embargo, el salto de escala no los ha descolocado, sino que ha desbloqueado en ellos una creatividad aún mayor.
Proyecto Salvación es un entretenimiento popular calibrado a la perfección, del tipo que parece haber desaparecido ahora que los algoritmos han ido fragmentando al público en nichos cada vez más pequeños y devotos. Incluso las aclamadas películas de superhéroes de las últimas décadas apuntaban más a un público masculino joven que a todos los sectores. En ese sentido, Proyecto Salvación es un refrescante regreso al atractivo universal. Ahora bien, calificar algo de «entretenimiento popular» puede sonar despectivo, como si se tratara de un producto rebajado para las masas. Ahí radica precisamente el genio de los libros de Weir: confían en su público. Aunque la novela profundiza mucho más en los detalles, la película no rehúye centrarse en aspectos microbiológicos de la trama y confiar en que el espectador maneje unos conocimientos científicos básicos. El resultado es que el filme no pierde el gran atractivo de las historias de Weir: su apuesta por la precisión y la verosimilitud científicas. Eso hace que las representaciones de vida extraterrestre y los retos que se van planteando resulten aún más envolventes e íntimos.
Al igual que en Marte (2015), buena parte de la narración se articula a través del monólogo interior del protagonista, lo que en el cine exige a alguien capaz de hablar solo con encanto. Damon lo hizo con gran acierto en Marte, y Gosling está más que a la altura en Proyecto Salvación, desbordando carisma y simpatía. Parecer un hombre corriente es una habilidad difícil de dominar para las grandes estrellas de cine, y Gosling no es precisamente el primero que viene a la mente para ese tipo de papel; sin embargo, el actor canadiense demuestra tal maestría en los tiempos cómicos que resulta imposible no rendirse a Ryland en los primeros diez minutos. Eso resulta fundamental, ya que es él quien nos conduce a través de toda la jerga científica y los momentos emotivos, en gran medida solo. Cuenta, eso sí, con un acompañante clave del que prefiero no revelar demasiado para no destripar la trama, pero que se gana el corazón del espectador y funciona como un contrapunto perfecto para los comentarios de Ryland.
Phil Lord y Chris Miller han demostrado ser cineastas de una viveza extraordinaria, también en sentido literal: mezclan su humor certero con una paleta visual que hace que sus películas salten a la vista. En Proyecto Salvación esto alcanza un nuevo nivel. De la mano del director de fotografía Greig Fraser (Dune, 2021; La noche más oscura, 2012), la película es un prodigio visual que utiliza el color de forma estimulante: desde trajes espaciales rojos hasta un planeta con una aurora de remolinos verdes. Incluso elementos más cotidianos, como la iluminación roja del interior de la nave o sus señales de alerta, se emplean de un modo que resulta sobrecogedor.
En definitiva, Proyecto Salvación se siente como el salvavidas que llevaban esperando los cines: una película popular, inspiradora y entretenida sobre la valentía y la generosidad, que nunca cae en la moralina y te envuelve con tal calidez que sales de la sala con una sonrisa en la cara y un paso más ligero. ¿Quién dijo que el entretenimiento popular merece ser menospreciado?
8.2/10


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