Send Help
- Young Critic

- hace 5 horas
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Una comedia de supervivencia camp arruinada por su propio tercer acto

Tras irrumpir con fuerza en el panorama cinematográfico gracias a la inventiva comedia de terror Posesión infernal(1981), Sam Raimi también ayudó a sentar las bases del boom superheroico de la década de 2010 al dirigir la trilogía de Spider-Man protagonizada por Tobey Maguire. Sin embargo, después de semejante éxito a gran escala, Raimi solo ha regresado al cine comercial una vez en los últimos trece años, con otra producción de Marvel, Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022). Aquellos encargos de estudio demostraron ser una camisa de fuerza para su creatividad retorcida. Con la comedia de acción de presupuesto medio Send Help (2026), Raimi vuelve a un terreno mucho menos contenido.
Send Help se centra en Linda (Rachel McAdams), brillante pero socialmente torpe y ferviente aficionada al supervivencialismo, que ve cómo la pasan por alto para un ascenso cuando su empresa de soluciones estratégicas es heredada por el joven y engreído Bradley (Dylan O’Brien). Durante un viaje de trabajo, el avión en el que viajan se estrella, dejando a ambos varados en una isla desierta. Allí, la jerarquía de poder se invierte por completo: Linda prospera en su hábitat natural, construyendo refugios, encendiendo fuego y recolectando provisiones, mientras que Bradley, herido y completamente fuera de lugar, queda a su merced.
El guion corre a cargo de Damian Shannon y Mark Swift, en lo que supone apenas su cuarto libreto producido en 23 años. Entre sus trabajos anteriores se encuentran Freddy contra Jason (2003), el remake de Viernes 13 (2009) y el remake de Los vigilantes de la playa (2017), un historial que ya da pistas sobre las limitaciones de su escritura. Send Help es su primer guion original y supone una mejora respecto a trabajos previos, aunque tampoco es decir mucho. El cambio en la dinámica de poder y la reducción del relato a la pura supervivencia ofrecen una base sólida tanto para el desarrollo de personajes como para la acción. Sin embargo, estos elementos —junto con los temas de fondo e incluso el giro final— parecen extraídos de forma descarada de El triángulo de la tristeza (2022), que parte de una premisa prácticamente idéntica. Por ello, resulta difícil ver Send Help como algo más que otro ejercicio derivativo firmado por Shannon y Swift.
El guion es, sin duda, el punto más débil de Send Help, lastrado por diálogos bochornosos y arcos de personaje reciclados. La trama se adentra en el terreno del absurdo, con personajes que aparecen de repente en la isla para forzar giros dramáticos de una forma tan incongruente que llegué a pensar que se trataba de una secuencia onírica. Los personajes están trazados como meros clichés, sin apenas intento de dotarlos de profundidad o, peor aún, de coherencia. Teniendo en cuenta que El triángulo de la tristeza ya establecía el esquema básico, bastaba con ser fiel a los personajes planteados. En su lugar, la película da bandazos entre cambios de motivación irracionales, solo para regresar poco después a la dinámica inicial.
Shannon y Swift se ven parcialmente salvados por la puesta en escena de Raimi, que se apoya con fuerza en el camp y la sátira, haciendo que la mala escritura parezca intencionada más que accidental. Este enfoque sostiene buena parte de los dos primeros actos y convierte Send Help en una comedia funcional, aunque poco original. No obstante, la impaciencia de Raimi con el material se hace evidente cuando se deja llevar por la violencia desatada de sus tiempos de Posesión infernal, un viraje tonal que choca frontalmente con el resto del filme. Todo ello desemboca en un final completamente desquiciado que abandona de golpe el tono establecido, la lógica de los personajes y la coherencia narrativa, hasta el punto de que parece que los guionistas dejaron el ordenador encendido y que un niño de doce años terminó la película sin saber qué había pasado antes. Así de desconcertante resulta el tercer acto.
El verdadero salvavidas de la película no reside solo en los momentos más contenidos de Raimi, sino también en sus dos protagonistas. McAdams y O’Brien se entregan al material mucho más de lo que este parece merecer. Ambos entienden el delicado equilibrio camp que Raimi busca y logran salir airosos incluso de las líneas más sonrojantes del guion. Además, recurren con frecuencia a la comedia física y a la interpretación no verbal, aportando algo de profundidad a personajes que sobre el papel son bastante planos. Su intercambio verbal tiene chispa y una química evidente, aunque el componente romántico insinuado nunca termina de cuajar.
En definitiva, Send Help es en su mayor parte una comedia mediocre pero aceptable, que acaba descarrilando de forma estrepitosa en su tercer acto, anulando gran parte del impulso temático y del comentario que había logrado construir. El resultado se siente menos como un desenlace que como un montaje erróneo procedente de otra película distinta. Aunque Shannon y Swift siguen sin poder escapar de su reputación en Hollywood, tienen la suerte de contar con un reparto entregado y un director lo suficientemente sólido como para que Send Help resulte, al menos en parte, digerible.
4.8/10








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