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Si tuviera piernas, te daria una patada

  • Foto del escritor: Young Critic
    Young Critic
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura

Un retrato sombrío pero absorbente de la maternidad

La maternidad se ha convertido en el sorprendente hilo común de muchos estrenos de 2025, desde Die, My Love (2025) hasta Hamnet (2025), Bring Her Back (2025), The Perfect Neighbor (2025) y Young Mothers (2025). La última en sumarse a esta exploración de los pensamientos más oscuros —y a menudo innombrables— ligados a la maternidad es la abrasiva Si tuviera piernas, te daría una patada (2025).


Si tuviera piernas, te daría una patada sigue a Linda (Rose Byrne), terapeuta y madre de una niña pequeña (Delaney Quinn) que padece un trastorno alimentario y se alimenta mediante una sonda gástrica. Linda vive completamente desbordada por las necesidades constantes de su hija, por un padre ausente que trabaja como capitán de cruceros (Christian Slater), por una sucesión de pacientes emocionalmente agotadores y por el derrumbe del techo de su casa, que la obliga a mudarse a un motel.


La película es el segundo largometraje escrito y dirigido por Mary Bronstein, que además aparece en pantalla como Spring, una doctora de clínica médica particularmente juzgadora. Con este segundo trabajo, Bronstein vuelve a ofrecer una mirada dura y sin concesiones a los aspectos más sombríos de la maternidad, con una franqueza que resulta tan incómoda como reveladora. Uno de los grandes aciertos formales del filme es no mostrar nunca del todo a la hija de Linda en pantalla —ni siquiera se le da un nombre—. Solo la vemos desenfocada o fuera de plano, como ocurre con los adultos en los dibujos animados. Esto hace que sus constantes quejas y lamentos resulten aún más opresivos, anulando cualquier noción de escala física frente a una presencia emocional desbordante.


Bronstein recurre a múltiples herramientas cinematográficas para transmitir la sensación de agotamiento, claustrofobia y castigo casi sisífico que puede acompañar a la crianza en soledad. La fotografía se mantiene obsesivamente pegada al rostro de Linda, hasta dejarnos prácticamente atrapados en sus poros y ojeras, compartiendo su imposibilidad de escapar de sí misma. La música aparece de forma inquietante: escenas cotidianas se ven súbitamente invadidas por un retumbar oscuro y amenazante, como un presagio constante a punto de estallar. Esta sensación de aislamiento se refuerza por la ausencia casi total de ayuda o comprensión. Nadie parece entender la magnitud de su situación y todos la ven como una mujer exagerada, incapaces de reconocer la prisión asfixiante en la que vive. Para colmo, mientras apenas logra mantenerse a flote, Linda es juzgada de manera constante por su forma de criar a su hija, lo que intensifica una sensación permanente de acoso y autodesprecio.


Rose Byrne firma aquí la mejor interpretación de su carrera hasta la fecha. La actriz australiana ya había demostrado su versatilidad, destacando en la comedia en títulos como La boda de mi mejor amiga (2011) y Espías (2015), así como en registros más oscuros en Insidious (2010) y la serie Mrs. America (2020). En Si tuviera piernas, te daría una patada, Byrne resulta hipnótica sin necesidad de sobreactuar, transmitiendo pensamientos contradictorios de culpa, agotamiento y odio hacia sí misma —a menudo de forma simultánea— a través de miradas fijas, vacías, casi perdidas. Es una interpretación menos preocupada por lucirse que por sumergir al espectador en su estado mental: nos sentimos tan atrapados como Linda y, aun así, sorprende la ternura y la paciencia que todavía logra sacar a relucir en determinados momentos. Incluso cuando empieza a albergar pensamientos de corte casi “medéico”, la película nunca invita a juzgarla.


El reparto secundario cumple con solvencia. Quinn merece mención especial por una interpretación casi completamente fuera de campo como la hija, utilizando una voz aparentemente dulce que acaba convirtiéndose en el sonido más irritante para el espectador. También resulta llamativo el giro dramático de Conan O’Brien como el terapeuta de Linda, un personaje incapaz de empatizar o comprender realmente su situación.


Bronstein llena la película de simbolismo, paralelismos y alusiones constantes a la maternidad. Una de las escenas iniciales —en la que un techo empieza a gotear hasta romperse violentamente y revelar un gran vacío detrás— funciona como una metáfora poco sutil del parto. Aunque muchos de estos elementos aportan capas interesantes al discurso, con el tiempo se acumulan de forma excesiva y acaban diluyendo el conflicto central. Subtramas como la desaparición de una paciente, un enfrentamiento con el personal de un aparcamiento o la compra de drogas alargan innecesariamente el metraje sin aportar demasiado al conjunto.


Con todo, Si tuviera piernas, te daría una patada es un retrato demoledor y profundamente absorbente de la psicología de la maternidad. Byrne ofrece un tour de force difícil de olvidar, mientras que la dirección insistente y asfixiante de Bronstein deja al espectador en tensión constante. En un año marcado por la necesidad de hablar abiertamente de los aspectos silenciados de la maternidad, la película se erige como una aportación tan pertinente como incómoda; de hecho, funcionaría como un poderoso —aunque desolador— programa doble junto a Die, My Love.

 


8.3/10

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About Young Critic

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I've been writing on different version of this website since February of 2013. I originally founded the website in a film-buff phase in high school, but it has since continued through college and into my adult life. Young Critic may be getting older, but the love and passion for film is forever young. 

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