Hamnet
- Young Critic

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Una mirada trascendentalista sobre Shakespeare

Shakespeare ha sido una fuente inagotable de inspiración para artistas y cineastas, no solo a través de la adaptación de sus obras, sino también de su propia vida. Shakespeare in Love (1998) funcionaba como una divertida fantasía para amantes del teatro, mientras que La verdad sobre el caso Shakespeare (2018) era una propuesta más minoritaria, pensada para los grandes conocedores del autor. Con su novela Hamnet, Maggie O’Farrell optó por explorar los aspectos más “poco shakesperianos” de la vida del bardo, eligiendo como protagonista a su esposa, Anne Hathaway (no la actriz contemporánea). O’Farrell ha adaptado ahora su libro a la gran pantalla junto a la directora Chloé Zhao.
Hamnet (2025) sigue a Agnes (Jesse Buckley), una mujer errante en el Stratford del siglo XVII, en Inglaterra, a la que apodan “bruja del bosque” debido a sus largas ausencias en los parajes naturales cercanos y a su profunda conexión con la naturaleza, desde su conocimiento de las plantas hasta su halcón domesticado. Agnes se enamora de Will (Paul Mescal), el tutor de latín de sus hermanos menores, un aspirante a poeta e hijo de un guantero violento (David Wilmot). El segundo acto muestra el nacimiento de los tres hijos de Agnes, en especial el de su único hijo varón, el epónimo Hamnet (Jacobi Jupe), así como la vida familiar mientras la carrera teatral de William despega en un Londres que permanece fuera de campo.
Zhao regresa a la dirección tras una fallida incursión en el universo Marvel con Eternals (2021), que la alejó de su terreno habitual dentro del cine independiente. Con Hamnet, se percibe a Zhao recuperando el pulso de un cine emocionalmente resonante y visualmente complejo, que remite a los logros alcanzados en Nomadland (2020). Zhao se revela como una intérprete ideal de la prosa de O’Farrell, utilizando un estilo paciente y poco verbal para trasladar los monólogos interiores y las descripciones de la novela. A través de suaves paneos y del uso de planos generales elevados, Zhao añade una dimensión espectral, haciendo que el espectador se sienta como un testigo silencioso que observa a los personajes desde la distancia. Se trata de un recurso que la película Presence (2025) empleaba de forma más literal, aunque Zhao lo aplica aquí de manera mucho más sutil e indirecta.
En su esencia, Hamnet es una historia sobre el poder de la naturaleza frente al ser humano. Agnes actúa como el medio a través del cual comprendemos que solo podemos observar y aceptar los cambios que la naturaleza nos impone. En muchos sentidos, la película funciona como un texto de raíz trascendentalista, que rechaza la modernidad y el urbanismo en favor de una reconexión con el mundo natural y, por extensión, con nuestra identidad más desnuda. Esto se refleja en el romance orgánico que se desarrolla entre William y Agnes, y que envuelve al espectador durante el primer acto como un cálido ensueño.
Zhao y O’Farrell se mantienen firmemente ancladas a Stratford y a sus bosques, mostrando la relación de Agnes con el lugar desde una dimensión casi religiosa. Esta concepción particular de la conexión espiritual con la naturaleza se ve puesta a prueba cuando Will es incapaz de llegar hasta Agnes tras un giro emocionalmente devastador. Zhao y O’Farrell aprovechan este punto de inflexión para ofrecer una reinterpretación del origen y la lectura de Hamlet. De este modo, Hamnet dialoga con la visión de Agnes sobre el poder de la naturaleza y propone otra forma de trascender hacia un más allá: a través del arte. Los últimos veinte minutos de Hamnet se cuentan entre los más poderosos y absorbentes del cine de 2025, articulando el cruce entre una obra de más de 400 años y una mirada de ficción histórica que deja al espectador profundamente conmocionado por su originalidad y hondura emocional.
Hamnet es una de las grandes demostraciones interpretativas del último año, con Buckley y Mescal ofreciendo actuaciones que ya he visto dos veces y que todavía me cuesta comprender cómo han sido capaces de lograr. Ambos actores desaparecen por completo en sus personajes, con Buckley como el auténtico centro emocional de la película, encadenando escena tras escena momentos desgarradores y absorbentes. La forma en que la actriz irlandesa repite, entre sollozos y puro terror, “quiero a mi mama” durante la escena del parto me sumergió en una avalancha de emociones que apenas pude contener en la sala. Mescal está igualmente sólido en un papel menos vistoso, pero fundamental. Ha demostrado sobradamente su capacidad para la interpretación no verbal, pero aquí exhibe además un dominio absoluto del texto, saboreando cada línea de diálogo. Algunos quedarán impresionados por su declamación de pasajes célebres de Hamlet, pero a mí me dejó sin aliento una escena en la que relata a una Agnes embelesada el mito de Orfeo y Eurídice. El reparto secundario también ofrece interpretaciones notables, aunque inevitablemente queda eclipsado por la fuerza de las dos actuaciones centrales. Jacobi Jupe resulta especialmente convincente como Hamnet; su hermano mayor, Noah Jupe, destaca en una única pero decisiva escena final, y Emily Watson aporta solidez y arraigo como la madre de William.
Zhao comprende tanto el talento de sus intérpretes como la necesidad de una puesta en escena fluida para su relato, y por ello recurre a tomas largas en muchas escenas, manteniendo la cámara estable durante amplios tramos. Esto permite que aflore un guiño sutil al teatro en vivo, al tiempo que exige del espectador una mirada atenta y paciente para disfrutar y asimilar las ideas de la película sobre la naturaleza.
En definitiva, Hamnet es una interpretación espléndida y emocionalmente devastadora de Shakespeare y del nacimiento de una de sus obras más célebres. Con Zhao recuperando estilo y confianza tras la cámara, y con dos de las mejores interpretaciones que verás en mucho tiempo, Hamnet es una experiencia y un viaje emocional ante el que conviene estar plenamente presente.
8.7/10








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