Father, Mother, Sister, Brother
- Young Critic

- hace 4 horas
- 3 Min. de lectura
Jim Jarmusch convierte el remake en un ritual familiar silencioso

Jim Jarmusch es un cineasta tan pausado como puede ser un artista, tanto en su método de trabajo como en su estilo. Esto le ha permitido destacar a medida que el mundo acelera y la reducción de la capacidad de atención exige ritmos narrativos cada vez más comprimidos y frenéticos. En la última década, las películas de Jarmusch han dialogado con las tendencias del cine contemporáneo, tomando fenómenos populares para transformarlos en propuestas propias, deliberadamente contraprogramadas y contemplativas. Así ocurrió con el vampirismo en Solo los amantes sobreviven (2013) y con el género zombi en Los muertos no mueren (2019). Ahora, Jarmusch pone el foco en el remake con la ganadora del León de Oro en Venecia: Father, Mother, Sister, Brother (2025).
Father, Mother, Sister, Brother se compone de tres cortometrajes que funcionan como remakes de una misma historia: dos hermanos distanciados se reencuentran para hacer balance de su relación con sus padres. El primer episodio sigue a los estirados hermanos Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik), que visitan a su padre aparentemente descuidado y errático (Tom Waits) en la Nueva Jersey rural. El segundo se sitúa en Inglaterra, donde la influencer Lilith (Vicky Krieps) y la conservacionista Timothea (Cate Blanchett) visitan a su madre (Charlotte Rampling) para su anual y siempre incómodo ritual del té. El tercero acompaña a los gemelos estadounidenses Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabbat) en París, mientras vacían el apartamento de sus padres tras su trágica muerte en un accidente aéreo.
Jarmusch firma en solitario el guion, lo que le permite controlar hasta el más mínimo detalle del filme: desde el impecable vestuario (la película fue coproducida por Saint Laurent) hasta los sutiles ecos en las entonaciones, las decisiones de montaje y los subrayados musicales. Father, Mother, Sister, Brother puede leerse como un comentario sobre la obsesión de Hollywood con los remakes y las secuelas heredadas, ya que Jarmusch reescribe esencialmente la misma historia tres veces, modificando el tono y el contexto, pero conservando guiños y llamadas internas entre cada variación. Donde otro cineasta habría optado por la crítica o la condena explícita, Jarmusch prefiere divertirse con el concepto, imponiéndose un reto a sí mismo en lugar de dictar lecciones al espectador.
Ese rechazo al juicio moral es, de hecho, una de las grandes virtudes de Jarmusch como cineasta. Otros directores de corte observacional tienden a utilizar una estética “cruda” para forzar una intimidad implacable, mientras que Jarmusch se comporta más bien como una nube a la deriva, guiando al espectador para que comparta simplemente la presencia de sus personajes. El resultado es una refrescante ausencia de coerción: no hay una perspectiva obligatoria que adoptar.
Los ecos entre las tres historias funcionan también a nivel temático. La repetición revela un mismo núcleo: familias cuyos miembros se han convertido en completos desconocidos. Hay una mímica ritualizada de gestos y silencios incómodos, una sensación constante de deseo de acercamiento contenida por la norma y la expectativa. La reiteración adquiere además un tono trágico, ya que las lecciones sobre el amor y la conexión se pierden una y otra vez en compartimentos estancos, pese a reflejarse de forma casi universal.
Adoptar una estructura de “colección” con tres relatos es una apuesta arriesgada, ya que no todas las piezas conectarán por igual con el público. En este caso, los dos primeros episodios de Father, Mother, Sister, Brother resultan notablemente sólidos, mientras que el tercero muestra signos de fatiga creativa, como si el propio Jarmusch comenzara a agotarse ante su concepto. A ello se suma que este último segmento cuenta con las interpretaciones más débiles del conjunto.
El reparto es, en cualquier caso, envidiable, con varios intérpretes jugando deliberadamente contra su propio registro habitual. Driver encarna a un hombre contenido e inseguro; Blanchett interpreta a una intelectual tímida y retraída; y Bialik compone a una hija fría y distante. Sus apariciones son breves, pero sus miradas y titubeos en la dicción permanecen en la memoria. Moore y Sabbat, en cambio, salen peor parados en la comparación: sus interpretaciones resultan más rígidas y sufren dentro del naturalismo antiespectacular de Jarmusch. Además, la química entre ambos genera una tensión sexual desconcertante que sabotea buena parte de la carga emocional que exige su historia. Durante buena parte del metraje, parece incluso que podría derivar en una trama incestuosa que nunca llega, dejando una sensación de confusión difícil de justificar.
En conjunto, Father, Mother, Sister, Brother es una película digna dentro de la hipnótica y pausada filmografía de Jarmusch, una nueva variación sobre su interés tanto por la industria como por la observación del ser humano. La fortaleza de sus dos primeros relatos y de sus interpretaciones basta para sostener al espectador durante un tercer acto más débil, haciendo que la película perdure como una taza de té rica y reconfortante que se enfría lentamente, pero deja poso.
8.3/10








Comentarios