Die My Love
- Young Critic

- 18 nov
- 3 Min. de lectura
Lynne Ramsay convierte la desesperación posparto en un retrato brutal e íntimo de una mente que se desmorona

Lynne Ramsay no es una directora que rehúya los temas tabú, especialmente cuando se trata de la maternidad. Su éxito indie, Tenemos que hablar de Kevin (2011), exploraba la culpa de una madre que siente un profundo rechazo hacia su hijo; En realidad, nunca estuviste aquí (2017) indagaba en cómo un hombre ajeno puede convertirse en una figura paternal más sólida que el propio padre biológico. Su nuevo trabajo, Die My Love (2025), se adentra en los rincones más oscuros de la depresión posparto.
Die My Love sigue a la joven pareja formada por Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson), que se mudan de Nueva York a la zona rural de Montana. Grace da a luz y cae rápidamente en una profunda depresión. Mientras Jackson pasa la mayor parte del tiempo fuera por trabajo, Grace visita de forma intermitente a su suegra (Sissy Spacek) y siente la tentación que despierta en ella un misterioso motorista (Lakeith Stanfield) que pasa cada día frente a su casa.
Como ocurre en la mayoría de los filmes de Ramsay, Die My Love está montada y filmada como si estuviéramos dentro de la mente de la protagonista, atravesando recuerdos y dejándonos guiar por una brújula emocional más que narrativa. No es surrealismo, pero en los flashbacks vemos acciones de la memoria filtrarse hacia el presente. La depresión se vive de manera atemporal: uno se siente estancado tanto en el ahora como en el pasado. La película adopta esta estructura para sumergirnos en el hastío y la desesperación de Grace, sin pedirnos compasión. Grace no es tanto un sujeto con el que empatizamos como un recipiente en el que quedamos atrapados.
Ramsay es brillante al mostrar las frustrantes contradicciones que ofrece la vida, como si planteara contraargumentos racionales a cualquier emoción —como si las emociones respondieran a la razón. Contemplamos planos extraordinarios de las llanuras abiertas de Montana, con cielos inmensos, mientras Grace se siente terriblemente atrapada y claustrofóbica, una sensación potenciada por el formato 4:3 que la encierra visualmente.
Die My Love muestra cómo el silencio del sufrimiento surge cuando una persona siente que no tiene derecho a quejarse. Esto se explota especialmente en la relación central y en la evitación del sexo. Puede parecer una fricción menor sobre el papel —Jackson vuelve cansado de trabajar—, pero la película nos inyecta la devastación y la ira que fermentan en Grace cuando se siente rechazada.
En un estado depresivo, el alejamiento de la razón puede hacernos sentir como barcos a la deriva o animales sin control. Esas imagines se materializan físicamente en la interpretación de Lawrence, que en ocasiones gatea, se arquea o balancea su cuerpo cuando se ve superada. Esto se suma al engranaje formado por el montaje, la fotografía y el diseño sonoro —que incluye música atronadora y un perro que ladra sin parar—, haciéndonos preguntarnos cómo Grace no ha estallado todavía. Es una forma de acercarnos a lo que viven muchas madres jóvenes que sufren depresión posparto, un lugar donde no se ve salida, donde cada día y cada noche parecen interminables.
Die My Love recibió críticas entusiastas en Cannes este año, donde se estrenó, en gran parte gracias a la interpretación de Lawrence. Muchas actuaciones y películas se sobrevaloran en los festivales para luego caer en el olvido, pero este no es el caso. Lawrence ofrece no solo la mejor interpretación de su carrera, sino una de las mejores que he visto en años. Es un tour de force total, imposible de describir con justicia en una reseña. Sostiene cada contradicción, emoción reprimida y dolor físico con una maestría tal que necesitaré ver la película varias veces más para entender cómo lo hace. No busca tu lástima; expone experiencia y vulnerabilidad con una ferocidad y una honestidad que devoran la pantalla. Es una actuación que recordaré durante mucho tiempo y que marca un punto álgido en una carrera ya llena de ellos. Pattinson cumple como Jackson, en un papel secundario complicado dado que tiene que hacer parecer que no esta atraido por una Lawrence lanzandose a el. Y Spacek brilla en un papel pequeño como la única persona que parece ver realmente a Grace y su sufrimiento.
Ramsay ofrece la mirada más profunda y honesta sobre la depresión posparto que hemos visto hasta la fecha en el cine, sumándose a la creciente lista de películas que están normalizando esta conversación tan necesaria. Su inclinación hacia la estructura del flujo de conciencia y un leve surrealismo se desborda un poco en el tramo final, convirtiendo la película en un enigma más que en un golpe emocional, pero esto no resta inmersión al viaje que propone Die My Love durante la mayor parte de su metraje. Apoyada en una interpretación magistral de Lawrence, Die My Love es una película imprescindible y una que no olvidaré pronto.
8.9/10








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